Nuestra Madre Fundadora tiene una vivencia particular de un aspecto del misterio de la vida de Cristo que determina su forma de pensar, de orar, de hacer apostolado, de vivir en comunidad.
Las fuentes de donde podemos deducir esto son:
Podemos tomar como punto inicial la locución en Alassio, que es fuente vital para la comprensión de nuestro carisma, en agosto del año 1906:
En el verano pasamos a Génova. Era Alassio un pueblecito muy pequeño, pero tenía una iglesia y un convento de P.P. Capuchinos donde íbamos todas las tardes al rezo del Rosario, y una Catedral en cuyo altar principal lucía sólo un gran Crucifijo. Un día que entré allí al mirarlo comprendí que me decía:
“Sí buscas ideal, aquí me tienes; si quieres amor, aquí tienes; si quieres modelo aquí tienes“.
“No quiero decir que oyera palabras, sino solamente los conceptos o sentido de esas palabras se me clavaron en la inteligencia causándome mucho temor, porque en ellas comprendí toda la amplitud de su sentido y todo un programa de una austeridad, para la cual estaba muy poco preparada; y tanto más austera cuanto que comprendí que allí estaba simbolizada mi verdadera vocación”.[1]
La experiencia de Alassio, la hizo conocedora del misterio del Crucificado y esta experiencia fue acrecentándose a medida que va adquiriendo más conciencia de lo acontecido, a través de las experiencias que se le van presentando a propósito de la realización de la Obra:
1913.- Muerte del Abatte Daurelle y todo lo que conlleva este acontecimiento…de aquí las palabras escritas a Madre Mercedes Cobián el 30 de Marzo de 1914 “Delante de Dios yo miro las cosas y mi conciencia me dice que no puedo volver atrás en este camino, ni dejar la obra por cobardía (…) allí están las almas, allí está el Espíritu que nos une y nos encadena unas a otras, allí está el ideal que satisface nuestros anhelos, allí está también la obediencia que debo a mi actual Director que me manda seguir adelante. Yo haré pues lo que pueda aunque hablen aunque se rían, porque nuestro Señor no me manda que haga buena figura en el mundo, ni aún ante los sacerdotes, sino que haga su voluntad cueste lo que cueste. El éxito El nos lo dará si conviene, eso no depende de nosotros”[6]
1914.- Tiempo de duras pruebas a causa de la intervención del Padre Prosper Malzieu. Durante este tiempo ntra. Madre escribe la Obra de la Cruz, cabe destacar la parte dedicada al espíritu de sencillez que finaliza de la siguiente manera: “Por El el retiro, el silencio, la penitencia, por El las fatigas y las decepciones del apostolado y la abnegación de la caridad, para El la vida y para El la muerte, «Omnia pro Christo»”[7]
También es bastante significativo el número 52 de la Obra de la Cruz que dice: “Realizando pues el ideal de la Congregación de la Cruz, vivirán crucificadas en su Espíritu, en su corazón, y en su cuerpo, a ejemplo de nuestro Señor Jesucristo, sufriendo gustosas por El las penas interiores, las arideces de la oración, los abandonos del alma, las soledades del corazón, el hastío y el cansancio de las obras, el roce de los caracteres, el rigor de la obediencia; suavemente, tranquilamente, con serenidad del alma y del semblante, sin amargura y sin quejas, lo mismo que la pobreza de la vida, el trabajo prolongado, el cansancio físico y las mortificaciones que vengan de las mil fuentes de dolor que llevamos nosotros mismos y que el alma mortificada sabe convertir en otros tantos lazos de unión con Jesús crucificado”.[8]
También el número 186, numeral 3 de la Obra de la Cruz, escribe nuestra Madre: “El apostolado de Jesús en la tierra, encontró también resistencias, oposiciones, defecciones y por fin, un aparente fracaso final, ante el escándalo de la Cruz. No busquen pues consuelo en el éxito de sus trabajos, sino en el sacrificio puro, en el amor sin mezcla, en el testimonio de su corazón de haberlo dado todo sin reserva por la salvación de las almas. Haciéndolo así, no les será difícil la perseverancia y encontraran que siempre logran su objeto, que es sacrificarse por Cristo.[9]
1916.- La “losa sepulcral” que se impone al pedido de fundación de nuestra Madre debido al informe negativo del Sr. Nuncio Jacinto Scapardini.
1919.- Las diferentes circunstancias que dilataron la fundación de nuestra Congregación, hasta que providencialmente se funda el 14 de setiembre de 1919.
Aquí podemos entender que la austeridad, como parte del programa de vida que en Alassio, a través del misterio de la Cruz, le muestra nuestro Señor a nuestra se manifiesta, mejor aún, se realiza con el espíritu de sencillez, el despojo total, el vacío de uno mismo, que va realizando la vivencia de la Cruz hace que la persona se haga austera, que sólo tenga lo necesario, que como Cristo sólo viva de la vida del Padre.
En los pocos apuntes espirituales que tenemos de nuestra Madre, encontramos la lucha de su alma por en medio de arideces, angustias y problemas de orden material, podemos mostrar los siguientes textos[10]:
1925.- Apuntes espirituales – Retiro- Ntra. Madre es muy consciente de la vivencia de la Cruz y el siguiente texto señala una continuidad con el acontecimiento de Alassio: “(…) sigue la depresión de espíritu – exteriormente pequeñas dificultades que me hacen temer por la Congregación Luz clara y convincente que me interpela interiormente –¿De qué te contristas, qué temes, cuál es y ha sido tu vocación? Y se yergue en mi imaginación el crucificado, pálido, inerte, silencioso y muerto. Esta es tu vocación, este tu modelo, este tu amor qué más quieres? No es la fundación de una congregación próspera y útil a la Iglesia, no es tal o cual cosa por buena que sea, es El, El sólo en la inteligencia, en el corazón, en la vida y en la muerte. Paz y sentimiento de fortaleza que procede de la Cruz”.[11]
[1] Itinerario, p. 23
[2] P. 18
[3] P. 72
[4] Itinerario, p. 18
[5] Crónica I, p. 59
[6] Id., Carta a Mercedes Cobián, 30 de Marzo 1914
[7] T. CANDAMO, Obra de la Cruz, n. 10
[8] Ibid., n. 52
[9] Idid., n. 186, 3
[10] T. CANDAMO, Apuntes espirituales (manuscrito), archivo casa Madre.
[11] T. CANDAMO, Apuntes espirituales 1925, p. 15